Pensando en Liderazgo II

Publicado: septiembre 17, 2011 en Inicio

Muchos aspiran a ser líderes pero no todos comprenden su verdadera naturaleza.

Ser líder significa ser responsable y aceptar la responsabilidad significa también aceptar el deber, que es, entre tantas otras cosas, encontrar respuestas creativas aún cuando lo convencional lo niegue. Los verdaderos líderes no sólo están abiertos a buenas ideas, sino que, también, tienen el coraje de implementarlas.

Liderazgo significa servicio. Es como cualquier otro trabajo. El líder sólo dispone de tanta autoridad como la que los demás le otorgan. Su trabajo es sostener. Lidera a la gente, no la conduce. La involucra, no la coerciona, los refuerza en su trabajo, en su creatividad y en sus cualidades. La estimula en sus proyectos y le permite cometer errores y aprender de ellos. Nunca pierde de vista que la gente es más importante que las cosas.

El líder trabaja con la gente aceptándola tal cual es, no como él quisiera que fuese. Tiene que ser paciente y comprender que lleva tiempo aceptar nuevos puntos de vista. Convence razonando o impartiendo el magnetismo de la propia convicción, nunca autoritariamente usando la jerarquía. Un líder sabio se ocupa más de “lo que es” y no de “lo que debería ser”. Se ocupa más de la verdad, que de tener razón. Y siempre tiene que estar guiado por el sentido común, que se manifiesta en la disposición de aprender de la experiencia.

Liderazgo es visión y luego acción, a veces, como algo secundario. Es un arte que hay que aplicar con sensibilidad, no es un juego de egos. Si un líder se da importancia a sí mismo, pierde. De todos modos el ego puede ser una gran ayuda para la creatividad siempre y cuando fluya hacia el trabajo a ejecutar.

Un verdadero líder, cuando encara un proyecto, sabe que tiene que estar tan preparado para aceptar la responsabilidad de un fracaso como la de un éxito, y sabe que los proyectos pueden desmoronarse, pero la energía nunca. El resultado de un proyecto refleja fielmente el tipo de energía que se dedicó a su desarrollo.

El verdadero éxito de una tarea depende más que nada del espíritu de los que se involucran y el espíritu de esa gente refleja, siempre, el espíritu y la calidad de su líder.

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